Monday, 2 September 2013

Entre más caro, mejor (within reason)

Se acabó el mercado europeo y estalló la polémica. El Real Madrid del rey del circo, Florentino Pérez, le pagó a una bandita de recluidos en el norte, norte de Londres (the dodgy end) la estrafalaria suma de €100 millones para hacerse de los servicios del joven galés Gareth Bale. Todos reaccionaron. Martino con el típico argumento socialista berreta: “Es una falta de respeto para el mundo en general”. Lo dice el tipo que maneja el plantel mejor pago del mundo. Y que cuenta con un delantero por el que Barcelona pagó hace poco más de un mes casi €60 millones. Ridículo el "Tata". Pero la mayoría cuestionó el pase desde un lugar más sensato: “¿Vale esa plata Bale?” Un análisis medianamente objetivo y razonado de la situación diría que no. Pero no entremos en esa discusión. El punto es que, exceptuando este tipo de pases a primera vista disparatados, el hecho de que se esté pagando grandes cifras por las grandes figuras del fútbol es en principio una excelente noticia.


El doping financiero

La conclusión rápida ante las cifras que se manejan en traspasos en los últimos años es que estamos ante una gran burbuja. Pero no es cierto. Los valores que se manejan hoy son más producto de fundamentales sólidos que de una potencial burbuja. El aporte burbujeante a la ecuación proviene de los seres más despreciables del planeta fútbol: Roman Abramovich y los Jeques árabes. Compran a mansalva con dinero completamente ajeno a la actividad futbolística. Uno es un mafioso ruso de los peores que hay, los otros son monarcas de Estados riquísimos en petróleo. Estos personajes en cuestión se lanzan a gastar a lo Florentino y muchas veces (en el apuro) compran calidad inferior a la que frecuenta el Santiago Bernabeu.


A saber:

Damien Duff (Chelsea 2003):                                           £23 millones
Ricardo Carvalho (Chelsea 2004):                                   £26,5 millones
Shaun Wright-Phillips (Chelsea 2005):                          £28 millones
Andriy Schevchenko (Chelsea 2006):                              £40 millones
Fernando Torres (Chelsea 2010):                                     £51 millones
Robinho (Manchester City 2008):                                    £40 millones
Joleon Lescott (Manchester City 2009):                         £25 millones
Emmanuel Adebayor (Manchester City 2009):              £27 millones
Edin Dzeko (Manchester City 2010):                                £35 millones
James Milner (Manchester City 2010):                            £20 millones
Aleksandar Kolarov (Manchester City 2010):                 £21 millones
Javi García (Manchester City 2012):                                 £20 millones
Fernandinho (Manchester City 2013):                              £37 millones
Javier Pastore (PSG 2011):                                                 £39 millones
Thiago Silva (PSG 2012):                                                    £36 millones
Marquinhos (PSG 2013):                                                    £27,5 millones


Y vamos a darle el beneficio de la duda al PSG con Cavani, porque considero que es un enorme delantero. Aclárese que se pusieron con £57 millones.
Lo concreto es que desde sus respectivos desembarcos, el gasto total en transferencias producido por los mecenas de Londres, Manchester y Paris asciende a:

Roman Abramovich (Chelsea, desde 2003): £938 millones
Jeque Mansour: (Manchester City, desde 2008): £760 millones
Jeque Hamad bin Jassim bin Jaber Al Thani: (PSG, desde 2011): £320 millones

La gran diferencia con las aventuras de Florentino es que el Madrid es el club que más ingresos genera en el planeta. Y por mucho.

Ingresos (temporada 2011/2012):

1. Real Madrid: €512 millones
2. Barcelona: €483 millones
3. Manchester United: €396 millones
4. Bayern Munich: €368 millones
5. Chelsea: €320 millones
6. Arsenal: €290 millones
7. Manchester City: €285 millones
8. Milan: €257 millones
9. Liverpool: €233 millones
10. Juventus: €195 millones


En síntesis: Chelsea y Manchester City tienen ingresos a lo Arsenal (que hoy ya los superó a ambos en ese departamento) pero gastan a lo Real Madrid (¡o más!). Las cuentas obviamente no cierran, el déficit lo cubren los “benefactores”. Para agravarlo, en el caso puntual de Chelsea vemos los números del año en que ganó la Champions League, por lo que sus ingresos se vieron potenciados a partir de un suceso que es improbable que se repita con mucha frecuencia.
Podemos conceder que a base de grandes déficits Abramovich y Mansour han logrado impulsar a las primeras planas a dos clubes de buena base en cuanto a cantidad de hinchas. Los han catapultado internacionalmente, cosechando muchos fanáticos en Asia especialmente. No es el caso (por ahora) del PSG, que hasta la temporada 2011/2012 inclusive no figuraba entre los 30 equipos con más ingresos. Nuestros amigos pueden llegar a consolidar a sus “equipos-juguete” eventualmente, pero de lograrlo lo harán a costas del resto de los equipos y de la generación de cierto riesgo sistémico. Años de déficits inmensos sustentados con dinero ajeno a la actividad. El fútbol es igual que la economía: más competencia es más deseable. La diferencia es el modo: acá se logra con mayor regulación (los incentivos son disímiles). Sin Chelsea, Manchester City y PSG los precios posiblemente no hubiesen trepado tan rápido a estos niveles. Pero analicemos ahora la otra cara de la moneda.


Los fundamentales sólidos

Fuera del mundo de fantasía de Roman y los Jeques también hay chequeras a las que múltiples ceros no las asustan. Al ya mencionado caso del Real Madrid podemos sumarle a su némesis catalán, el Barcelona, y a Manchester United. Veamos sus gastos de 2008 para acá:

Real Madrid: £616 millones  
Barcelona: £400 millones
Manchester United: £243 millones 

Hasta el propio Real Madrid gastó menos que el Manchester City desde 2008 a la fecha. Lo concreto es que los mecenas hacen a sus clubes cada vez más viables (a base de grandes déficits injustos para el resto) y los grandes no les pierden el paso (a pesar de la inflación generada). No todos los experimentos de benefactores van por la “senda Chelsea”. Málaga y Anzhi hicieron enormes erogaciones y sus dueños acabaron abandonándolos. Lazio y Leeds United vivieron situaciones similares en el pasado reciente.

Pasando puntualmente al tema inflación. Siempre y cuando usted no suscriba a delirios monetarios kerneristas, va a poder comprender perfectamente lo siguiente:

Si la cantidad de jugadores extremadamente talentosos se mantiene más o menos constante a lo largo de los años, pero el fútbol como actividad genera y atrae cada vez más y más dinero (TV, Sponsors, Camisetas, Globalización, etc) los precios de esos talentosos que escasean sólo puede ir para un lugar: para arriba. Y mucho.

Vamos a los números: la Premier League recibió £305 millones de la TV en el acuerdo por tres temporadas firmado en su año debut: 1993. En dicha temporada el traspaso récord en Inglaterra fue el de Roy Keane: del Nottingham Forest al Manchester United por £7,5 millones. Al día de hoy la Premier League percibe por derechos de retransmisión de los partidos la impactante suma de £5,5 mil millones (17 veces más que el acuerdo de 1993) y la compra récord de un club inglés es por £51 millones: Fernando Torres en 2010, de Liverpool a Chelsea (7 veces más de lo que pagó el United por Keane hace 20 años). El Real Madrid tenía ingresos por €138 millones en el año 2000. Su compra máxima era de €60 millones, Luis Figo, proveniente del mismísimo Barcelona. 9 años después le ingresaban €440 millones y su transferencia récord era Cristiano Ronaldo (€94 millones). Algo más del triple de ingresos contra un incremento de poco más del 50% en el monto de su mayor transferencia. Concedido que en estos cálculos no estamos ajustando por inflación, pero la diferencia es tan grande que no cambiaría mucho la cosa.

Sufrimos el síndrome del nominalismo. Los números nos impactan por el monto, pero no medimos su valor real. En un mundo (el del fútbol) en el que la masa monetaria crece a un ritmo muy superior al de los bienes a disposición (jugadores talentosos) la inflación es inevitable. Algo similar sucede en la Argentina. Con una diferencia: en Argentina la masa monetaria aumenta porque el gobierno monetiza su déficit fiscal imprimiendo moneda. El fútbol atrae cada vez más recursos porque el negocio no para de crecer. Por tanto, entre más caro, mejor. Más fútbol, más global, más trabajo, más riqueza. Salimos todos ganando, aunque Martino hable de “falta de respeto al mundo en general” mientras gana más de 5 millones de euros por año.



Conclusión

Hay aspectos de la coyuntura actual del fútbol europeo que no son deseables. Todos los hinchas del fútbol velamos por un juego más justo y parejo a partir de mayores condiciones de igualdad. Que el Real Madrid y el Barcelona negocien sus derechos de retransmisión en forma individual es una tremenda injusticia para el resto de los equipo de La Liga. En la temporada 2011/2012 a Real Madrid y Barcelona le ingresaron por este concepto €140 millones a cada uno. El tercero fue el Valencia con €48 millones y el último Racing de Santander con €13 millones (menos del 10% que los gigantes). Para el resto de los equipos europeos también es injusto. En Inglaterra y Alemania el dinero de la TV se divide en partes casi iguales (hay una porción algo mayor para los que mejor terminan en la tabla). Posiblemente los cambios a realizar impliquen imponer un salary cap (estilo NFL) limitando así lo que se puede gastar en salarios. Posiblemente impliquen eliminar la ventana de invierno y acortar la de verano. Posiblemente impliquen limitar el nivel de pérdidas que pueden presentar los clubes en sus balances (tal como propone hoy la UEFA a través del Financial Fair Play). Posiblemente impliquen prohibir gastos con dinero que no sea producto de la actividad futbolística. Son muchos los cambios a realizar y probablemente desacelerarían el ritmo actual de la inflación. Pero esto no significa (delirios a lo Bale al margen) que el fútbol no esté en condiciones de gastar enormes sumas de dinero en traspasos sin poner en jaque la sustentabilidad de los clubes. Hasta el muy prudente Wenger se destapó tras asegurar una tremenda mejora en los acuerdos comerciales de Arsenal. Adquirió a Özil en £45 millones, triplicando el desembolso récord del club: £15 millones por Arshavin en el mercado de invierno de 2009.  

El Real Madrid vale algo más de US$ 3000 millones y su deuda (de largo plazo y a tasa razonable) es de algo más de US$ 700 millones. Arsenal vale US$ 1400 millones y debe repagar un total de US$500 millones en los próximos 19 años (intereses ya calculados). Como podemos ver, ratios de deuda muy manejables, más aún si los ingresos siguen trepando a la velocidad que lo vienen haciendo.

Y tengámoslo en claro: mientras el fútbol siga siendo negocio y siga generando mayores ingresos, los precios de jugadores talentosos escasos sólo seguirán subiendo. Podría haber un eventual cambio si la globalización del juego llevase a que salgan cracks en cantidad desde todas partes del mundo. Pero todavía falta y mucho para un escenario de ese tipo. Florentino Pérez dijo tras ser cuestionado por el monto que estaba por desembolsar por Bale: “Los jugadores no son ni baratos ni caros, son inversiones. Algunas salen bien, algunas salen mal”. Para una marca del calibre del Real Madrid esto es absolutamente cierto. A veces te sale un Kaka, a veces te sale un Cristiano Ronaldo. Con Bale lleva las de perder. Pero el galés tiene 6 años de contrato, tiempo más que suficiente para que la mega maquinaria del fútbol siga aumentando sus ingresos, potencialmente tornando mucho menos impactantes los 100 millones que se pagaron por Bale. 


Trevor Francis le costó £1 millón al Nottingham Forest en el año 1979. Bale acaba de ser adquirido por €100 millones. A este ritmo de inflación, para el año 2047, la transferencia récord va a ser de £7,4 mil millones. Y no descartemos que sea un monto viable para los equipos más poderosos del mundo. El fútbol es una actividad cuyos fundamentales tienen cimientos de relativamente fuertes a fuertes. Si los números (nominalmente hablando) lo aterran, hable con los Bancos Centrales. Los que imprimen son ellos. No los clubes.








Sunday, 28 July 2013

El momento Catch-22 de la economía mundial

Si un piloto de aviones de combate quiere ser excusado de una misión, debe solicitar ser sometido a exámenes para determinar si está en estado de demencia. Los reglamentos del ejército estipulan que ninguna persona cuerda querría volar en misiones de combate, dado que las chances de supervivencia son muy bajas. Por tanto, si un piloto hace una solicitud para no volar por estar en un supuesto estado de demencia, de hecho está demostrando que está cuerdo, y por tanto en condiciones de volar.
Inversamente, cualquier piloto que quiera volar en tales misiones, demostraría implícitamente que es un demente. Para demostrar este extremo, sólo debe presentar la mencionada solicitud. Naturalmente, esta clase de pilotos nunca lo haría. Y de hacerlo, quedarían atrapados por la trampa.
El Catch-22 es la trampa perfecta, inmortalizada por Joseph Heller en la novela que lleva el mismo nombre. El piloto, quiera volar o no en misiones de combate, acabará haciéndolo.

Es posible que la economía mundial haya llegado a su momento Catch-22. La discusión en torno a política monetaria y fiscal en EEUU es muy simple: hay que estimular porque si se lleva acabo una política contractiva la depresión que ello conllevaría sería la catástrofe más grande de la historia.

Esta tesis tiene cierto mérito. Veamos este cuadro: 





La recuperación de la última recesión es la más lenta y dolorosa desde la Segunda Guerra Mundial para acá, y por mucho. Y esto sólo cuenta una parte de la historia, ya que según un estudio de Alan Taylor de la Universidad de Virginia, las recesiones que conllevan un colapso del sistema financiero son mucho más largas y profundas que las recesiones "normales". Taylor y compañía tomaron los 200 y monedas de ciclos económicos desde 1870 a la fecha e hicieron una comparación entre los tipos de recesiones:







La mayor gravedad y duración de una recesión que incluye colapso del sistema bancario es obvia: una vez que explota la burbuja crediticia todo el sistema financiero juega una temerosa carrera para desapalancarse rápido y minimizar pérdidas. Consecuentemente el crédito se congela, y como ya sabemos, la economía depende y mucho del crédito. Más aún una economía con sistema de reserva fraccionaria y requisitos de capital muy bajos para los bancos.

Y nuestro momento Catch-22 va tomando forma. La política fiscal de EEUU desde el inicio de la crisis ha sido relativamente contractiva en un contexto de status quo keynesiano que pide a gritos profundizar el déficit fiscal para que la economía logre reactivarse. No es objeto de este post entrar en ese debate, pero podemos conceder que en cualquier caso EEUU no ha sido fiscalmente expansivo. Donde si ha sido expansivo (muy expansivo) es en su política monetaria. El cuadro que vemos a continuación de reservas bancarias en exceso a los requerimientos legales es elocuente:




Los bancos americanos cuentan con casi US$2 trillions de "excess reserves". En otras palabras, los esfuerzos estimulantes de la FED no están logrando reactivar el crédito como quisieran ya que el crecimiento de la economía es (en el mejor de los casos) modesto. De hecho, Bloomberg publicó la semana pasada que durante el boom pre crisis cada dólar emitido por la FED devenía en US$70 de M2. Hoy ese número se redujo a apenas US$1,50. Esto explica también porque la inflación sigue siendo baja. El desapalancamiento es muy fuerte, demasiado para las herramientas con las que cuenta Bernanke, que no sólo ha emitido una barbaridad de dólares, si no que mantiene las tasas en 0% desde diciembre de 2008. Más contundencia vía Allan Meltzer:

"During QE2 (from November 2010 to July 2011), the Fed added a total of $557.9 billion to reserves, and excess reserves grew by $546.5 billion. That means that banks circulated only 2% of QE2’s contribution, leaving the rest idle. Similarly, since QE3 was launched last September, total bank reserves have grown by $244.1 billion, and excess reserves by $239.4 billion – meaning that 99% of the funds remain idle."

 La respuesta de Paul Krugman es inequívoca: la FED no puede sola, el Congreso se debe poner de acuerdo e implementar programas de estímulo fiscal que acompañen el esfuerzo expansivo del Banco Central. Nuevamente no es el punto de este post debatir si la receta del bueno de Paul es la correcta, pero si vale decir que EEUU está procediendo en esta crisis con un playbook más monetarista que keynesiano. Más de Friedman que de Keynes; al menos en cuanto a política monetaria y fiscal. Desde ya que Obama, Lew, Bernanke y compañía son más keynesianos que friedmanitas y esto también tiene sus implicancias en esta ensalada.

Pero no nos vayamos por las ramas, no es la idea instalar un cuadrilatero macroeconómico. El punto de todo lo expuesto anteriormente es: estamos ante la peor crisis desde 1929 y la economía apenas crece 6 años después del comienzo de la misma; si la FED no hacía nada: ¿hubiese sido peor? La respuesta no puede dejar dudas: Si. Hubiese sido mucho peor, al menos al principio. Si a la orgía de desapalancamiento la FED le sumaba política monetaria contractiva y dejaba que el mercado determine la tasa de interés (y que por tanto estas suban), el PBI hubiese caído más que un 3,85% en 2009 y el desempleo hubiese tocado un pico mayor que el 9,9% de 2010. 

Obviamente el dejar que la crisis tome su curso y el mercado corrija no es un mero capricho liberal. Su objeto es corregir las malinversiones generadas por las señales erróneas dadas por precios manipulados. La manipulación de la tasa de interés durante el boom llevó a una mega burbuja inmobiliaria y sus consecuencias se padecen hasta la fecha. Como si fuera poco, un ambiente de tasas 0% y política monetaria muy acomodaticia probablemente haga poco para prevenir un nuevo episodio similar. Peor aún, incentiva la perpetuidad del moral hazard de los grandes bancos. ¿Por qué habrían de ser cuidadosos si saben que en última instancia el Estado los rescatará? El gran endeudamiento del Estado (que crece y sigue creciendo) también preocupa mucho a inversores, que ante la incertidumbre prefieren no invertir. Si el Estado imprime hoy, cobrará impuestos mañana: la equivalencia ricardiana versión Siglo XXI. El gobierno combate expectativas de deflación a base de generar expectativas de estancamiento, la década perdida de Japón es ejemplo de ello.




Mi conclusión sería, básicamente, si la FED no interviene la crisis es peor, pero más corta y no siembra las semillas de la próxima crisis. El inconveniente en ese caso es claro: ¿y cómo sobrevivimos (si es que sobrevivimos) a esa transición? ¿A esa depresión que viene a corregir y purgar la manipulación de los precios? Gran pregunta, y seguramente muy pocos quieren saber la respuesta. 
Comparemos dos recesiones que incluyeron colapso bancario (de intensidad no idéntica pero similar). 1907 (La FED no existía) vs 2007.






Los gráficos ilustran lo expuesto. En 1907, con poco o nula intervención del gobierno (el Banco Central no existía), la crisis fue más profunda pero menos duradera. Mientras que en la crisis de 2007 se da la inversa. Lo que hay que agregar acá es que los problemas de la crisis de 2007 son más severos que los de la de 1907 y por tanto una caída libre de la crisis actual hubiese sido aún más fuerte que la muy significativa de 1907.

Y así la economía llegó a su fatal momento Catch-22. Su trampa mortal. Si dejamos a la crisis ser, la profundidad de la depresión podría llegar a ser inimaginable y por tanto muy indeseable. Pero si intervenimos obtenemos crecimiento moribundo 6 años después. Con el agravante de que si las burbujas reflacionadas estallasen, el margen monetario de maniobra sería nulo; ya estamos en tasa 0% y con QE permanente. Muerte o dunga-dunga.

Una gran personalidad sumamente capaz y carismática podría ayudarnos a salir de esta. Friedrich Hayek, gran paladin de la economía de mercado en ocasiones defendió programas de estímulo fiscal ante depresiones severas. Obama pasa por una etapa de descrédito total: casi todos los ejecutivos de las empresas más importantes de EEUU (salvo los banqueros, claro) son críticos de sus políticas y muy escépticos a la hora de hablar de inversión. El poco crédito que queda en EEUU lo tiene Bernanke y lo está agotando lentamente, dólar por dólar.



@elprocurador